Casi al mismo tiempo que hacía lo propio en Suiza Alain Tanner, el otrora célebre autor de La salamandra y Jonás, que tendrá 25 en el año 2000, anunciaba en Salamanca su definitiva retirada del cine Basilio Martín Patino, que figura en los libros como uno de los creadores del llamado Nuevo Cine Español, con Nueve cartas a Berta. No han sido muy numerosas las “películas” realizadas por Patino en los 37 años que van desde su primer largo, de 1965, al último, Octavia, de 2002, sin que por ello su actividad, aunque intermitente y semisubterránea, haya sufrido más interrupciones que las impuestas en un tiempo por la censura, ocasionalmente por la salud y siempre por la falta de medios y de procedimientos para financiar el cine de ambiciones culturales, sociales o políticas, que son y han sido siempre, por eso, una exigua minoría, hoy en vías de extinción. No siempre me han gustado las películas ni los inclasificables productos audiovisuales que ha generado Basilio; pero siempre me ha resultado simpática su figura, digna de respeto y hasta de encomio. Por eso lamento esta retirada, a la que tiene perfecto derecho, pero que lamentaría sirviera como ejemplo a otros no menos desanimados. Y eso sí, celebro que haya tomado esta decisión sólo cuando ha logrado recuperar casi toda su obra y volver a ponerla en circulación, porque lo cierto es que dudo que la mayoría de los jóvenes videastas, creadores audiovisuales, documentalistas, directores y críticos hoy en activo, no digamos la mayoría del público, probablemente desconocen lo que, con gran esfuerzo, ha logrado hacer, y que, en cualquier caso, constituye una obra digna de consideración y de ejemplar dignidad: Patino se habrá equivocado, pero ni se ha vendido ni ha claudicado, ni ha cometido chapuzas para ganarse la vida. Naturalmente, no habrá sido una vida de lujo y esplendor, sino de modestia y privaciones, como solían ser, hasta hace poco, las de los artistas, como lo han sido la de Robert Bresson y Carl Th. Dreyer, y lo son aún, sin duda, las de Jean-Luc Godard, Éric Rohmer, Jacques Rivette, Jean Rouch, Víctor Erice, Philippe Garrel o José Luis Guerín. Que no viven en La Moraleja o sus equivalentes ni tienen lujosos coches deportivos precisamente. Pero que no han hecho nada de lo que deban avergonzarse. Los que sí lo hacen, por lo demás, carecen de vergüenza y viven felices. El caso es que, por razones que nunca he logrado averiguar a ciencia cierta, quizá porque se hayan cruzado varios motivos, hace mucho que era casi imposible ver, ni en las televisiones ni menos aún en los cines, algunas de las mejores, más importantes o más interesantes películas de Patino. Ni se habían editado en vídeo, o hacía mucho que la que salió se había agotado. De tarde en tarde, si acaso, se podía ver Nueve cartas a Berta. Pero ni su mayor éxito, Canciones para después de una guerra, ni la que yo prefiero, Queridísimos verdugos, ni otra de las más famosas, Caudillo, estaban disponibles. No digamos las películas sobre Andalucía rodadas más recientemente –hacia 1995-1996– para la televisión de dicha autonomía, que sólo en alguna Filmoteca se han visto fuera de la región. Y no hablemos, claro, de otras películas que obtuvieron premios pero desconcertaron o demostraron ser muy poco del gusto de los espectadores, desde La fascinación del caos a Madrid u Octavia, pasando por Los paraísos perdidos y Del amor y otras soledades. Es una lástima que, por poco, lo que acaba de salir en 13 DVDs no sea su “obra completa”; creo que alguno le habríamos dado una nueva oportunidad incluso a las que nos parecieron en su tiempo menos conseguidas, más fallidas. Pero el caso es que, mientras Basilio opta por la dignidad de retirarse sin doblar la cerviz, sus películas hablarán por él, empezarán a moverse, a ser vistas, y recordarán que hasta en las peores circunstancias –peores incluso que las actuales–, si se tiene deseo y empeño, es posible hacer, incluso en este país, un cine que lo refleje y que reflexione sobre su carácter y su historia, que invente en cada ocasión el lenguaje adecuado para hacerlo y que, veinte o treinta años después, aún sea elocuente y nos muestre y diga cosas dignas de ser vistas y escuchadas. Y eso no se lo quitarán a Basilio Martín Patino.
En El Séptimo Vicio on Line. Escrito el 13 de febrero de 2004.
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