Mostrando entradas con la etiqueta cromwell john. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cromwell john. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de mayo de 2026

Of Human Bondage (John Cromwell, 1934)

"¡Qué grande es el cine!" (12/10/1998)


***

Aunque nunca muy célebre, y hoy un completo desconocido para la gran mayoría de los cinéfilos -que en todo caso recuerdan sus tardías intervenciones como actor en Three Women (1977) y A Wedding (1978) de Robert Altman-, no digamos del público en general, John Cromwell dirigió la nada desdeñable cantidad de 46 películas durante una carrera activa que se extiende desde 1929 hasta 1960, es decir, 31 años.

Hay que decir que, sin duda, llegó al cine casi por casualidad: es uno de los actores y directores de teatro de cierta reputación -como Cukor o Mamoulian- a los que Hollywood atrajo con suculentas ofertas a la llegada del sonoro, para que enseñasen a decir los diálogos. Empezó, pues, a una edad relativamente madura (41 años), y ocupándose de los actores, mientras que A. Edward Sutherland se cuidaba de los aspectos técnicos.

No puedo presumir de conocer bien su filmografía, ya que sólo he visto 23, es decir, la mitad; cabe, por tanto, que me falten por descubrir piezas importantes, y hay varias desde luego, que me gustaría ver algún día, porque despiertan mi curiosidad o, por su reparto, parecen sumamente apetitosas.

Aunque a este tipo de realizadores suele compensar seguirles la pista, pues a veces son mucho más interesantes de lo que parece, o de lo que su reputación deja suponer, creo conveniente advertir que, en mi modesta opinión, Cromwell no es un gran artista "maldito", olvidado o ignorado, que sea preciso revisar y reivindicar a fondo, sino, más bien, uno de tantos eficientes y hábiles artesanos que dirigieron en Hollywood durante la gran época del cine americano, y que fue precisamente grande porque abundaban este género de individuos.

Siempre ha habido algunos genios, siempre se han hecho grandes obras maestras, pero lo extraordinario de ese largo periodo era el elevado nivel de la media, la garantía de un mínimo de calidad, interés y entretenimiento que ofrecía casi cualquier película, cuando las verdaderamente malas eran una excepción.

Y eso se consiguió no gracias a Ford, Hawks, Hitchcock o McCarey, Borzage, Preminger, Capra, King Vidor, Tourneur, Fuller o Minnelli, que eran excepciones, sino porque existían personajes como Cromwell, Edmund Goulding, Mervyn LeRoy, Lloyd Bacon, Frank Lloyd, Jean Negulesco, William Keighley, Victor Fleming, Sam Wood, Woody Van Dyke, H. Bruce Humberstone, Charles Vidor, Richard Thorpe, Norman Taurog, Roy Rowland, Henry Hathaway, Clarence Brown, André de Toth, Edward Ludwig, Robert Parrish, Rouben Mamoulian, Lewis B. Seiler, John Brahm, William A. Seiter, Stuart R. Heisler, John H. Auer, Leslie Fenton, John V. Farrow, Gordon Douglas, Alfred E. Green, John English, Lewis Milestone, Anatole Litvak, Robert Siodmak, Lewis R. Foster, Norman Foster, Irving Reis, John Sturges, Wesley Ruggles, James Cruze, Delmer Daves, James Whale, Michael Curtiz y un muy largo etc., algunos de ellos no carentes de ambición, personalidad o pretensiones, todos sin duda dotados de cierto talento, la mayoría modestos y eficaces artesanos en los que cada productora podía confiar y a los que casi nunca faltaba trabajo.

A veces hicieron obras misteriosas y fascinantes, en otras ocasiones cayeron en la más tediosa rutina, pero, por lo general, nos dieron películas amenas, que todavía hoy pueden verse con interés y hasta, más a menudo de lo que se piensa, con admiración. Se ven con frecuencia con la sospecha de que quizá sus directores fueran muy superiores a lo que hacían, que a menudo dependía (y variaba) según con qué productora estuviesen bajo contrato.

Esa sospecha, lo confieso, la alimenté hacia Cromwell durante algún tiempo, cuando sólo había visto dos o tres películas suyas, casualmente de las que sigo encontrando las mejores después de "investigar" o merodear en busca de otras 20 que se me han puesto al alcance.

Es decir, que el resultado de la pesquisa no ha confirmado mis más optimistas esperanzas, aunque me haya permitido descubrir la que hoy considero su mejor película, The Enchanted Cottage, por encima de su otra obra maestra, la muy distinta y poco apreciada Dead Reckoning (Callejón sin salida, 1946), tan copiada que injustamente se le reprocha ser un "film negro" arquetípico, y todavía me falten películas singularmente interesantes, como varios melodramas con Ann Harding, en particular The Fountain (1934), que es uno de sus favoritos.

Uno de los misterios de estos directores, de sus atractivos a la par que de sus riesgos, es su sorprendente habilidad para hacer bien cualquier cosa, por escasa que sea su afinidad personal con el género y por poco que creyesen, salvo como relato, en el argumento que estaban contando.

Y digo esto para que no se le atribuyan a Cromwell los poco coherentes argumentos, sentidos o mensajes de sus películas, y que no se despiste el que lea una filmografía de Cromwell, sobre todo si se fija en los títulos españoles.

Porque, a pesar de haber dirigido cosas aquí llamadas Mística y rebelde, Cautivo del deseo, El lazo sagrado, Su milagro de amor, Mi corazón te guía o Sin remisión, y una no estrenada cuya traducción es La diosa, Cromwell no era un realizador de cine "religioso", ni siquiera un predicador moralista, sino más bien, aunque supongo que no por su cine, un individuo sospechoso de cierto grado de "izquierdismo".

El caso es que se vio incluido en alguna de las "listas negras" de McCarthy y sus seguidores, a lo mejor simplemente porque, como casi todo el mundo, durante la guerra rodó algunos alegatos anti-nazis, o simplemente porque, especializado como casi estuvo en las adaptaciones literarias, además de a Charles Dickens, Joseph Conrad, Mark Twain, Anthony Hope, Robert E. Sherwood, Mazo de la Roche, W. Somerset Maugham y Frances Hodgson Burnett, ilustró a Erich Maria Remarque, a W. R. Burnett y a Sinclair Lewis, que, como luego Paddy Chayefsky, a algunos les debían parecer "peligrosos rojos" y "antiamericanos", o rodó guiones escritos por John Howard Lawson o Philip Dunne, o en los que intervino James M. Cain, que también eran sospechosos.

Quizá fuera porque dirigió a los "inamistosos" actores Humphrey Bogart, Morris Carnovsky, etc., o simplemente porque acabó presidiendo una Asociación Democrática de Hollywood, que apoyaba la política de Franklin Delano Roosevelt, el caso es que su carrera cinematográfica se vio interrumpida entre 1951 y 1957, lo que le hizo volver al teatro.

Of Human Bondage es ya su vigésima película, una de las cuatro que dirigió el año 1934. Se basa, como tantas, en una novela; en este caso, se trata, más bien, de la segunda parte de una de las más conocidas de un escritor por entonces muy apreciado, y hoy, me temo, muy poco leído, pese a que, como tantos "de segunda fila" de las letras inglesas, no carece de interés...

Aunque es imposible tratar de encontrar rasgos comunes a todas las películas de Cromwell, que casi nunca estuvo en el origen de los proyectos que realizó y nunca fue su propio productor, responde a algunas de las características más frecuentes en su filmografía, ya que presenta a un hombre débil, inseguro o desorientado -en este caso, las tres cosas- que se ve dominado por fuerzas externas o por sus propias obsesiones, a menudo encarnadas por mujeres mucho más enérgicas y decididas, de las que en última instancia depende su suerte.

Leslie Howard, que interpreta a Philip Carey, parece una elección obvia para este tipo de personaje; no hay ni que decir que "borda" su papel, y que casi consigue hacerlo verosímil, pese a que raras veces -y es un defecto que procede de la novela- se nos habrá obligado a seguir las peripecias de un ser tan indeciso y de tan poco empuje como éste.

Bette Davis, en cambio, se me antoja un error de "casting" monumental: es una opción obvia de puro tópica, si se quiere, pero no resulta creíble que nadie se esclavice de tal modo por un ser tan vulgar, apático ("no me importa" es la motivación de casi todo lo que hace) y desleal como Mildred Rogers, tan desprovisto de encanto, gracia, simpatía o decencia.

Si se añade a eso que, para mí, carece del menor atractivo erótico y ni siquiera es lasciva, realmente no se explica la asombrosamente duradera fijación por ella que contrae a simple vista Philip, ni siquiera con la melodramática excusa de que tiene un "pie equino" y eso le ha convertido en un acomplejado. Realmente, lo que parece es un masoquista.

Con esto llegamos a lo fundamental de la película, que es una lección en el arte de llevar a buen puerto un encargo desesperado, de conseguir los mejores resultados posibles con los ingredientes ya fijados que se le encomiendan a un director.

Y es una enseñanza que no creo inoportuna, pues me temo que no se imparten clases de eso en las escuelas de cine, pese a que cada vez son más los pretendidos "autores" que en realidad hacen películas "de encargo".

La primera astucia no se si procede de Cromwell o estaba ya presente en el guión de Lester Cohen que debió entregarle el productor Pandro S. Berman. Se trata de adaptar sólo una parte, quizá la más melodramática y la menos sobrecargada de disquisiciones filosóficas, de una novela ciertamente voluminosa, inabordable con fidelidad por el cine.

Quizá ya estaba hecha esa tarea, tal vez es que Cromwell prescindió de medio guión. En todo caso, abundan elipsis que no parecen "escritas" y muy pensadas, sino "borradas", es decir, el resultado de tachar drásticamente páginas de guión o de cortar escenas enteras en el montaje.

Son, a veces, saltos divertidamente sorprendentes, hasta si pueden resultar también, durante algunos momentos, arriesgadamente desconcertantes.

Eso, y el ritmo imprimido a los movimientos de los actores y la cámara, a la dicción de los diálogos, y el recurso a figuras retóricas hoy muy anticuadas como el paso de hojas del calendario, permiten acelerar al máximo la narración, que es expeditiva hasta extremos asombrosos.

El estilo de Cromwell, usualmente muy sobrio, se hace aquí no ya retenido y discreto, sino esforzadamente púdico, distante incluso, lapidario. Es un folletín tratado "a contrapelo", visto desde una cierta altura, desmenuzándolo hasta el punto de desvelar, aunque sea implícitamente, las inconsistencias del personaje central, e impidiendo que nos identifiquemos con él o con la contraheroína en lo más mínimo.

Imagino que la productora se quedaría consternada al encontrarse con 83 minutos de implacable marcha hacia adelante de una intriga movida por recursos melodramáticos -es obvio que otra hubiese sido la vida de Philip si no hubiera nacido con un pie equino, o si le hubiesen podido operar antes de conocer a Mildred-, y que poco a poco se van desactivando, sin que hasta su eliminación pierdan su influencia: Philip nunca se resigna a su pie, ni logra olvidarse o distanciarse de Mildred hasta que ella muere y así desaparece para siempre de su existencia.

Lo que encuentro más ejemplar de la película es su arranque: en los 3 primeros minutos llegamos a saber casi todo lo que es preciso acerca de Philip.

Me gusta mucho la ironía de la escena en que la amantísima Norah (Kay Johnson, la primera esposa de Cromwell) revela a Philip que ella no lee, sino escribe, esas novelas rosas que tiene por encima: en ese instante sabemos ya que nada podrá contra la maldad desapasionada de Mildred.

Me gusta mucho, como siempre, Francis Dee, que tiene a su cargo un extraño personaje, sumamente simpático. La escena final, por ejemplo, es estupenda, y sumamente original.

Pero lo que prefiero de la película es el brutal juicio de Fournier, cuando el aspirante a pintor Phil Carey le muestra sus cuadros: "No hay talento aquí, solo inteligencia y sensibilidad".

Texto preparatorio para la intervención en ¡Qué grande es el cine! (12 de octubre de 1998)

lunes, 13 de noviembre de 2023

Dead Reckoning (John Cromwell, 1947)


¡Qué grande es el cine! (07/06/1999)

Debate en torno a la película ‘Callejón sin salida’ de John Cromwell (1947). Moderado por José Luis Garci, con Miguel Marías, Juan Cobos y Javier Rioyo.

-

En principio, Callejón sin salida es una película cuyo atractivo, pese a carecer de renombre y prestigio, reside en estar protagonizada por Humphrey Bogart y en tratarse de una inequívoca muestra del género llamado "negro" del prodigioso bienio 1946-47 (está rodada en el primero y estrenada en el segundo). En cambio, no despertará excesivas esperanzas entre los raros cinéfilos que conozcan un poco la filmografía de John Cromwell, ya que, catalogado como una especie de "pequeño Cukor", se presupone que no es el director adecuado para rodar un duro thriller. A menos que se recuerde que también hizo, unos años después, Sin remisión The Racket, y mucho antes Scandal Sheet Vice Squad, y se le conceda el margen de crédito que merece el autor de obras tan diversas y excelentes como Su milagro de amor, Mi corazón te guía, El prisionero de Zenda, El hijo de la furia, El lazo sagrado, Dos mujeres y un amor, Desde que te fuiste o La diosa.

Por sorprendente que sea, a mí siempre me ha parecido, tras The Enchanted Cottage, la mejor de sus películas. Ya sé que suele atribuírsele - en los pocos lugares en los que se menciona, y no siempre estoy seguro de que la hayan visto o la recuerden, y no se limiten a copiar la opinión de otro - un guión absurdo, además de meterse con la pobre Lizabeth Scott, que a mí siempre me ha encantado. De la acusación de "absurdo" no hay guión que se libre, si nos empeñamos en ello; y es frecuente que sea lo que más se critica en cualquier película de intriga o de trama complicada, conductas ambiguas y motivaciones retorcidas. En todo caso, sería un defecto que compartiría con obras maestras del género como The Big Sleep, Retorno al pasado o La dama de Shanghai, así que no me voy a molestar ni en defenderla de semejante reproche; lo importante es que la historia, mientras nos la cuentan, resulta apasionante, misteriosa y sorprendente, pese a ser, en muchos sentidos, absolutamente típica.

Creo que consigue recrear perfectamente el ambiente sureño de una ciudad que podría ser Nueva Orleans, aunque la llamen Gulf City y la presenten como el "Paraíso Tropical del Sur"; se sale, en todo caso, de los escenarios más trillados: Los Angeles, Nueva York, Chicago, San Francisco. En lugar de un detective o investigador privado, toma como protagonista - un Humphrey Bogart bastante atribulado pero sereno, enamoradizo y con sentido del humor - a un paracaidista recién desmovilizado y regresado de convalecencia en Europa, que ha realizado operaciones "detrás de las líneas enemigas", es decir, de enlace con la resistencia, sabotaje o espionaje.

El arranque es bastante sorprendente, y se las apaña para abrir un flashback que cubre una buena parte de la película. Creo, sin embargo, que este retroceso en el tiempo, destinado a ponernos en antecedentes de la situación apuradísima en que Rip Murdock se encuentra, es el culpable de que el guión haya sido blanco de críticas: comete el error estratégico de cerrarse - con un climax que anuncia desenlace inminente - una buena media hora antes de que concluya la película, con los cambios de rumbo que cabe esperar de un "tercer acto" lleno de vuelcos y sorpresas, es decir, de aparentes finales sucesivos que se revelan reiteradamente falsos.

Sanctuary Club. Cinderella with a Husky Voice. Incitada por Krause - a petición del dueño, Coral canta; sentada a la mesa, con HB, luego se levanta y sigue en el centro del escenario.

HB la saca a bailar (su v.int. dice que para sentir el efecto de la noticia) y le cuenta que ha visto a Johnny en el depósito, carbonizado.

MB el momento, de vuelta a la mesa, en que HB le enciende un cigarrillo a LS, se acerca el dueño, MC, y la anima a jugar a la ruleta.

"She lost fast and heavy". HB decide recuperar en una partida de dados, y gana, además, otro tanto, enfrentándose con el antipático encargado Krause (MM) al rechazar sus dados cargados.

Pese a que el camarero Louie, amigo de Johnny, le hace ver por señas que la bebida está drogada, HB se la bebe para no delatarle, y cae al suelo en el acto. Despierta en un cuarto de hotel, al llamarle por teléfono "Dusty", y descubre que tiene en la cama de al lado a "Louie" con el cuello roto y sin la carta.

Debiéramos pensar (y HB) que en ambas escenas seguidas la conducta de LS es rara, y que sabe más de lo que aparenta o admite.

Estructura estrictamente de pesadilla. Y con ese ritmo, ese tipo de saltos y encadenados, de elipsis y giros.

Por teléfono, HB dice a LS: "I forgot to tell you I don't trust anybody, specially women..."

Luego, en persona, le dice "You know, the trouble with women is they keep asking questions"

Maravilloso plano de HB y LS en el coche, filmados frontalmente a través del parabrisas.

HB: "I'm a guy who likes to get his mail".

Visitan a McGee (Wallace Ford, revientacajas retirado), y HB le presenta a LS como "Mike" (lo cual agradece ella).

Tras el incidente con el motorista de Tráfico, que HB resuelve inventando que ella se saltó el límite de velocidad porque acababa de proponerle casarse en el acto, y LS comenta "Yeah, he found it easy to believe", es fantástica la cara que pone Bogart.

El sádico Krause (Marvin Milner) golpea meticulosamente a HB, que está inquieto porque cree haber olido a jazmín justo antes de recibir un porrazo. Por eso, sospecha de LS (usa ese perfume) cuando escapa aprovechando la aparición del Lt. Kincaid, de Homicidios.

HB a LS: "There's the telephone. I'll miss you, Mike", se acerca y le quita el teléfono y la besa (ella en lágrimas) cuando cree que ella va a repetir su confesión a la policía. Se queda frito, agotado de no dormir, y de la paliza.

Cuando parece irse a acabar, sigue, arranca de nuevo en una nueva dirección, o por anulación de lo que parecía últimamente verdadero, en parte porque HB es un tipo persistente.

Sorprendido por HB, ayudado por LS, MC le dice que fue ella la que le aporreó y que no se le ocurrió que podría haberse enamorado de ella, que es su mujer, y ya lo era antes de casarse con el rico mayor de cuya muerte se culpó a Johnny.

Para que hablen MC y MM, HB les amenaza con bombas incendiarias, y empieza a echarlas por el despacho, MM se tira por la ventana.

Al salir, quizá suponiendo que es HB, LS tirotea a MC (como en las hawksianas The Big SleepEl Dorado y Rio Lobo) y huye al coche, HB la alcanza y se sube. "You tried to kill me just now. You're going to fry"; LS: "Don't you love me?"; HB: "That's the tough part of it. But it will pass, most things do with time".

HB acelera, se estrella. Pl. subj. de ella, en el hospital. Llama a HB a su lado, le coge la mano: "I'm so scared. . ."; HB: "Let go, Mike, don't resist. Geronimo, Mike" y se ve un plano de paracaídas.

Notas preparatorias para su participación en el programa de “¡Qué grande es el cine!” emitido el 7 de junio de 1999.