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miércoles, 20 de agosto de 2025

Poemas de Ivan Prueitt

La publicación de algunos poemas del norteamericano Ivan Prueitt obedece, por un lado, a su valor intrínseco, bastante notable y, por otro, a su carácter sintomático de una de las actitudes que puede adoptar actualmente la juventud universitaria de los Estados Unidos.

Desde este punto de vista, conviene señalar el parentesco tonal que —casualmente, pues Prueitt no es un estudioso de la poesía ni de la literatura— existe entre los poemas que publicamos y otras expresiones de descontento: por un lado, Season of Fear tiene casi el mismo título que una novela del director de cine Abraham Polonsky, que trata sobre la época de McCarthy, cuya persecución padeció personalmente y a la que nunca se doblegó; por otra parte, dentro de la originalidad de los poemas de Prueitt —que no parecen muy influidos por nadie— se encuentra una gran afinidad con los de algunos de los más cualificados representantes de la beat generation: Gregory Corso, Lawrence Ferlinghett,y Allen Ginsberg, con cuyo famoso Howl enlazan directamente The Battle y To Mourn and to Love. La violencia lingüística, la dureza sonora y la tensión rítmica de One Death One Life, tal vez la mejor de estas poesías de Prueitt, remite directamente a los poetas antes mencionados, aunque tal vez tenga su origen en la alquimia verbal de Shakespeare.

Un aspecto especialmente sintomático de la poesía de Prueitt, todavía demasiado incipiente para constituir una poética propiamente dicha, es su carácter de creación instintiva e indeliberada, suscitada por estímulos exteriores o internos y fruto más bien de sensaciones padecidas que de ejercer una reflexión radical. A consecuencia de ello, las soluciones propuestas por Prueitt, decidido a no caer en el pesimismo y a no darse por derrotado —de ahí el movimiento ascendente y animoso a partir de una situación inicial depresiva que se encuentra en casi todas sus poesías—, adolecen de un cierto idealismo pacifista, no demasiado distante de ciertos movimientos hippies ni de las posturas espiritualistas adoptadas por algunos poetas beat como Ginsberg o Jack Kerouac. Ivan Prueitt ha buscado su religión en Oriente, pero no la ha encontrado en el budismo, sino en la fe de Bahá'u'lláh, y, según él mismo proclama, su poesía está directamente influida por su condición de Bahá'i, que le permite dar un sentido al caos que transcurre ante sus ojos y no perder la esperanza, viendo el lado positivo que tiene para el hombre toda crisis. No es, por tanto, lo más importante de los poemas de Prueitt las consecuencias ni las decisiones que extrae de su visión de los acontecimientos, sino su percepción de éstos, y la expresión espontánea, casi automática y sin reflexión estilística que da a sus impresiones. Prueitt, más que incidir en la realidad o aportar soluciones válidas, la refleja y con una prometedora sensibilidad poética que, con el tiempo, la experiencia y una mayor elaboración puede llegar a ser auténticamente valiosa.

Miguel Marías


Poemas


La batalla

Nosotros, los soldados del amor dispuestos a luchar,

nos hundimos ante la maltrecha imagen del romance

y condenamos al mundo por su parte en la decadencia del placer.

La creciente fuerza de la ira

agarra cada loco pensamiento y lo clava en nuestras vidas.

El clamor de la batalla es acallado antes del fin ideal,

mientras el sonido de victoria está en el canto fúnebre

que nunca le permite ser parte de la vida.


Todo esto en nosotros y de nuestra libertad esclavos,

hablando en los sones añejos de un dolor de poeta.

Lentamente el fondo de uno mismo y del amor es la verdad de la ignorancia,

y el mundo sin embargo nos ve como felices amantes de toda sensatez

que niegan la posibilidad de la locura.

Pero el clamor resuena aún con fuerza en nuestros oídos

mientras la batalla magulla nuestro instinto de dicha.


Una muerte, una vida

La rabia repentina

cruza la imagen sobre el muro

y luces rojas se encienden.


Un momento único atrapado

por las faltas de los muertos y los vivos

un latido de corazón salta torpemente.


El negror desatado contra la blancura

como ecos retumban los gritos de locura.

Nunca más analítica, la justicia omitida.


La respiración se detiene y los ojos se cierran

ante vanas catástrofes en un reino de voces.

Un gemido da paso a algo más allá del crimen.


El fragmento dentado de vidrio

rasga la piel tan detestada

y la vida del niño se derrama sobre el asfalto.


Una madre grita al mundo de cemento

resaltando como las lápidas sobre los muertos

y el rojo se hace verde, soltando la fatalidad apresurada.


Una pesadilla termina para dar paso a otra

mientras un niño en el dolor del parto saluda al mundo

con sus preguntas de amor, vida, mañana.


Un grito y otro grito aterroriza

los ojos incrédulos de los durmientes,

y los sueños se derriten en la realidad del miedo,

blanco y negro se funden en grises,

de nuevo en inflexibles blancos y negros.


De nuevo, me lanzan a esa batalla

que yo no creé,

llamando desesperadamente a aquellos que me dieron vida

para darle a la vida su ocasión,

pero no oyen lo que suplico,

no escuchan lo que suplican sus hijos y sus hijas.


Meditación, 1

Un susurro de niño perdido en el aliento de los viejos

contemplando la hora de la muerte.

Y sin embargo el universo es pequeño en el momento que piensa

un solo hombre.


Meditación, 2

El propio interior dotado de visión sin ojos.

Eso vive indescubierto en todas las almas.

El poder de ver qué misterio gira en el átomo

o se mueve por oscuras regiones del cosmos.


Lamentar y amar

Te llamo para que escuches

un quejido contenido impaciente

pero dolorosamente en el alma de un joven.


Un dolor profundo de dos siglos

violado en el alma de una edad inocente.

Nosotros, tus hijos y tus hijas

lloramos y no somos inocentes sin embargo,

gritamos y no somos escuchados todavía,

amamos y aún no se nos ama,

sensatos y sin embargo enloquecidos,

para ofrecer a la vida finalmente su sutil canto funerario

muriendo en un país que no puede llorar.

Caigo perplejo ante

tus crímenes sobre mi mente,

rascando polvo que fue una vez de nuestra forma,

preguntándome qué crió la creación para llamar a la tierra su dominio.

Y, desde entonces, ha olvidado su propia nobleza.

En este instante de egoísta agonía

hay aún algo cálido

moviéndose a lo largo de mis venas

al fondo de mi pecho.

Me detengo, de nuevo, para sentir el misterio

que es la vida girando

en un designio a la razón desconocido

y sangre tan roja, tan profunda

se convierte en ríos que llevan a la vida,

acercándose a una respuesta.


En mi pensamiento escucho un ritmo

y viene lentamente palpitando

al tiempo de poemas sentidos de corazón

colocados en un canto con paciencia.

Recuerdo rostros

que pude amar tan ciegamente,

mirando al fondo de canciones que son amor.

Hermanos y hermanas míos, moveos juntos,

y ojos que ven

profundos más profundos se hunden

en ese dormir que es el amor.

Cálidas palmas vivientes fueron estrechadas

dejando a todos los corazones sentir el pulso

del ritmo universal

mientras el cantante nos transportaba al paraíso.


Traducción de Miguel Marías


En El urogallo nº 9 (mayo-junio de 1971)

miércoles, 20 de noviembre de 2024

"Ya se cerró"

Ya se cerró

el ojo solitario que abarcaba

- amplio Cinemascope generoso -

la dilatada llanura

                             el infinito desierto

las escarpadas rocas

                             el sinuoso río

desfiladeros de piedra a los que asoman los indios.

A caballo quiso despedirse

contra su voluntad galopó hacia el ocaso

                               colectivo

del cine americano.

Caballero del Sur

                            nacido en Nueva York

                                                                 o pícaro pirata

de origen irlandés

                             madre española

tuvo grandes amigos

                                los cómplices mejores

más diestros más activos más fidedignos

y más llenos de humor vida y aventura:

Cagney, Bogart, Gable, Cooper, Errol Flynn, Wayne, Fairbanks,

Brennan, Hunnicutt, Bob Ryan, Kirk Douglas, Robert Mitchum,

Aldo Ray, Henry Hull, Joel McCrea, McIntire, Alan Hale,

hasta Greg y Rock y Troy se contagiaron.

Y las mejores y más bellas compañeras:

Jane Russell, Virginia, Yvonne, Julia Adams,

Malone la tentadora, la larga Alexis, Suzanne Pleshette,

arrastraron a Ann Blyth, Olivia, Teresa

y otras mosquitas muertas

al mar de los Sargazos al Océano Ártico al Paso de Calais

al Cabo de Hornos, de Buena Esperanza, Hatteras,

a todos los rincones más lejanos

del mapamundi soñado

del Atlas Universal Ilustrado de nuestra infancia curiosa.

Amigo de bucaneros, indios, contrabandistas,

buscadores de oro, proscritos, soñadores,

bebedores, poetas, rebeldes, villistas, camorristas,

jugadores, balleneros, navegantes, exploradores,

soldados rasos de a pie, generales de caballería, marineros,

viejos lobos de mar, jóvenes locos y audaces,

amantes perseguidos, prisioneros evadidos,

emigrantes, colonos, vaqueros y bandoleros,

gentes del rodeo, del hampa y del camino,

de todos los rincones, las razas, las tierras, las fronteras.

Surcó todos los mares, los senderos, atajos, carreteras,

bahías, desfiladeros, cañones, lagos, ríos, cielos y cascadas,

con Rita y con Marlene, con Eleanor Parker o con Jo Van Fleet,

con el mismísimo Pancho Villa.

Paso del Norte Hotel. San Diego. Houston. El Paso. Yokohama.

Hawaii. Colorado. Little Big Horn, Arizona. Kansas. Oklahoma.

Nueva Orleans. Missouri. Chicago. Salt Lake City. Yukon.

Klondike. Las Ardenas, Dover. La Pampa. Dublin. El Polo Norte.

Los Mares del Sur. El salvaje Oeste. San Francisco. The Bowery.

Harlem. Tokyo. Oregon. Minneapolis. West Point. Cuba. Jamaica.

Florida. Toda una geografía. También un día

pasó por aquí

pasó por el mundo.

durante 93 años…siete le faltaron para el siglo

perdido para el cine, ciego como un murciélago o un topo,

pero aún deseando, hasta la muerte, añadir otra huella

al rastro de sus días grabado en celuloide.

Ha muerto el último Gran Tuerto

del cine americano. Ha muerto y ya no quedan

apenas pioneros del film aventurero.

Inédito. Escrito en enero de 1981.

viernes, 27 de septiembre de 2024

Hipótesis y conjeturas de la máscara y el antifaz

Confieso que siempre me he preguntado, al ver esas misteriosas listas de “best-sellers” que se publican en periódicos y suplementos culturales, para colmo basadas en una muestra tan escasa y sesgada de librerías que difícilmente podría dar lugar a resultados estadísticamente significativos ni relevantes, en cuál de sus dos apartados básicos, “Ficción” y “No Ficción”, deberían incluirse, si por ventura alguna vez sucediese el milagro de que estuviesen los libros de poesía entre los más vendidos. Es posible, hasta probable, que se trate de una curiosidad ociosa por mi parte, quizá hasta impertinente, pero nunca he logrado saciarla ni evitarla, y ello me ha obligado a darle vueltas al asunto, enigmático a mi entender, de las relaciones entre la poesía y la realidad, o si se prefiere, entre la poesía y la verdad, que no son lo mismo aunque a menudo se confundan, y que a su vez son con cierta frecuencia contrapuestas – la realidad y la verdad – a ese arte que se supone intrínsecamente “realista” que es el cine.

No siendo en modo alguno experto – ni siquiera un estudioso – en el campo de la poesía (ni siquiera en el del cine, aunque algunos lo crean), pero sí (sobre todo de joven) ávido lector de esta rama tan “anómala” como antigua de la creación literaria, y también – como, sospecho, todo el mundo, casi sin excepciones, por mucho que alguno se resista a admitirlo – ocasional y prematuro (aunque, eso sí, discreta y prudentemente confidencial, por no decir cuidadosamente secreto) practicante o más bien – ay – “perpetrador”, como diría Borges, del género –¿quién no ha cometido, al menos involuntaria e impulsivamente, un poema indigno de tal nombre, duradera causa de vergüenza y frustración? –, me ha chocado siempre que un poema pudiera (o hasta debiera) ser considerado como “no ficción”, al menos en la medida en que, usualmente – y dado que hoy y desde hace tiempo no se prodigan en demasía ni la poesía épica ni la meramente narrativa –, más que a contar una historia tiende la poesía a expresar – de un modo aparentemente indirecto, expresamente y descaradamente “literario”, no sometido a la retórica o la lógica de lo demostrativo, ni siquiera férreamente sujeto a las normas sintácticas que rigen toda prosa que aspire a ser inteligible – un sentimiento íntimo, casi inefable – o muy difícil de exponer ordenadamente, cuando no inexplicable –, en las mejores ocasiones una suerte de saber o sabiduría intuitiva, que se libra, además, por su misma forma, de la necesidad de justificar, razonar y argumentar las (a veces) lapidarias máximas que, un tanto irresponsablemente tal vez, se plasman sin recato, sean falsas, verdaderas o váyase a saber.

De acuerdo con este modo de entender lo poético, un poema pertenecería, más bien, a la “no ficción”, ya que sería, cuando menos, “verdad”, aunque fuese una verdad exclusivamente subjetiva, íntima, personal, indemostrable, y – lógicamente – no aspirase a la generalidad.

Pero, curiosamente, hay que admitir que también puede la poesía adoptar la forma espacialmente estrecha, de renglón irregularmente breve, que le es propia, e incluso buscar la rima (o al menos el ritmo, la asonancia, la eufonía, la musicalidad… procesos todos ellos que, salvo en el genio fresco, tan raro e infrecuente, y tan poco duradero, requieren de la elaboración, depuración y corrección), y ser un poema un relato, una confesión, un recuerdo, que a su vez sean meramente imaginados, soñados, deseados o temidos, sin responder en modo alguno a la realidad desnuda, sino estar hecho del mismo material que nuestros sueños y nuestras ensoñaciones en vela. Es decir, que la poesía podría igualmente ser “ficción”, y no tener nada de veraz ni de sincera, de confesional ni de desnuda, sino ser el resultado de una “puesta en escena” (es decir, en palabras y cadencias) de convenciones, de sentimientos fingidos, de frases hechas, de tópicos incluso, sin perder por todo ello la posibilidad de ser buena.

Tampoco es imposible ni, de hecho, demasiado raro en el curso de la historia que ambas modalidades o posibilidades de la poesía convivan en la obra de un autor, e incluso que aparezcan combinadas, alternándose o inextricablemente unidas, en el decurso de un mismo poema, de una única sucesión de versos.

Por lo demás, a poco que reflexionemos un poco, la poesía, en lugar de despojada, espontánea, natural o directa, puede revelarse – o disimuladamente ser, sin desmerecer en nada – como un tupido entramado simbólico, una jungla de metáforas o imágenes, que insinúe – cierto – interioridades prosaicamente inconfesables o excesivamente explícitas… precisamente gracias a esa posibilidad de enmascaramiento, ambigüedad o irresponsabilidad que confiere a un poema su liberación de la estructura lógica, de las leyes sintácticas, esa “licencia poética” en que parece residir su más patente diferencia de la prosa, incluso cuando la poesía renuncia – dificultosamente, y más como resultado de un ímprobo esfuerzo deliberado de depuración, poda y sacrificio – a valerse de una jerga artificiosa que, cambiante según las épocas, las tradiciones y hasta las modas, los estilos, las escuelas… y, desde luego, según las lenguas y los países, tiende a aceptarse como “poética” – sospecho que meramente por la frecuencia con que se emplea tal vocabulario en los poemas o, peor aún, porque nadie se atrevería a usar tales giros y palabras sin sentir vergüenza ni temor a ser considerado un cursi, un pedante, un panoli o un afectado, en una conversación normal, en un texto en prosa, en una conferencia, es decir, salvo en un poema –.

Son palabras, cuando no frases enteras, que suenan, hasta si se pronuncian sin el menor énfasis, como “entrecomilladas”, como si fuesen (y a menudo, se sepa o no, lo son de hecho y literalmente) “citas”. El caso es que resultan difíciles de leer sin un involuntariamente irónico retintín que supone casi un comentario crítico automático; en ocasiones parece que su lectura en alta voz sería imposible, porque podría causar hilaridad, no emoción ni conmoción.

Aprovechamos que nadie puede demostrar que hemos querido decir lo que (con toda naturalidad y razón) entiende otro lector, y que hasta podríamos negarlo, con la autoridad incontrovertible que sólo tiene al respecto el propio autor del texto, para achacar ese sentido que nos atribuyen o adivinan a un exceso interpretativo del lector, en su visión subjetiva, para osar insinuar – con precauciones y maquillajes – lo que de otro modo – de forma más llana y directa, más elemental y prosaica – no nos atreveríamos a decir.

Esto hace de la poesía, tantas veces verdad confusa pero vívidamente sentida, sea o pueda ser igualmente una máscara barroca tras la que ocultamos y manifestamos a la vez, como quien arroja la piedra y esconde la mano, como quien es deliberadamente críptico, ambiguo o hasta polisémico, lo que realmente queremos decir sin que se nos pidan cuentas por ello, o sin que nos veamos obligados a rendirlas ni a confesar que era esa nuestra intención.

Trasladar al cine toda esta problemática, la verdad, es relativamente difícil. El adjetivo “poético” aplicado a las películas, a una secuencia e incluso a un plano aislado, no tiene por qué ser un elogio – dudoso, sospechoso, para buena parte del público y de la sedicente profesión o industria, incluso a menudo para la crítica, que lo emplea como un “comodín” que puede ser loatorio o demoledor según convenga o lo precise el contexto – y muy bien puede (o suele) disimular u ocultar una oblicua censura por parte de quien emplea tal calificativo. No es, ciertamente, lo más prometedor, atractivo o incitante que pueden decirme de una película. Y si yo las hiciera, pocos supuestos halagos me intranquilizarían tanto como que me considerasen muy “poético”.

La naturaleza “realista” de la parte de la “naturaleza” del cine que procede de la reproducción fotográfica externa, mera huella impresa de una realidad externa, sea natural y preexistente o, por el contrario, meditada, elaborada y creada (inventada, hasta imposible) ex profeso a partir de “la nada”, hace necesario un esfuerzo aún mayor, más costoso y dilatado, para introducirse en los terrenos movedizos y neblinosos de lo que, no siempre con propiedad, se considera “poético”.

El cine que podríamos calificar de poético, curiosamente, en la medida en que se aparta del realismo y pierde aparentemente precisión, cabría calificarlo – para emplear una palabra en desuso que Borges gustaba de airear – de “conjetural”, como sucede – al menos parcialmente – en la filmografía de D.W. Griffith, Victor Sjöström, Louis Feuillade, Mauritz Stiller, F.W. Murnau, Fritz Lang, John Ford, Josef von Sternberg, Carl Th. Dreyer, Alfred Hitchcock, Max Ophuls, Jacques Tourneur, Robert Bresson, Nicholas Ray, Víctor Erice o Raúl Ruiz (meros ejemplos, por supuesto, hay más, precursores unos y sus continuadores – aunque lo ignoren, inocentemente inconscientes de ello, desde luego sin proponérselo – otros), demuestra que no es quimérica la opción de construir un relato hipotético, en el que sea tan difícil como en la poesía llegar a dilucidar si nos encontramos ante una confesión/divagación/elucubración en primera persona (que sería “non-fiction”), a veces desnuda y “real” o al menos “documental” de un estado de ánimo, una pasión, un vértigo, o ante un ejercicio, más o menos “barroco”, de enmascaramiento, y sea la ocultación pudorosa o de intención seductora, y, por tanto, en ese caso, nos hallaríamos sumidos, hundidos hasta el cuello en los pantanos de la ficción.

Si tratásemos de hacer una relación de los cineastas, o al menos de las películas, que nos atreveríamos a caracterizar de poéticas aunque fuese en un sentido laxo y metafórico, sin duda empezaríamos muy pronto a encontrarnos con problemas de ardua solución. ¿Qué es poético? ¿Y qué lo sería, además, en un terreno como el cine, en el que, desde luego, no bastaría con que hablasen en verso los actores, ni con que se leyesen o contemplasen en la pantalla textos de tal naturaleza?

¿Cuáles serían los motivos, dado el riesgo inherente, que impulsarían a un cineasta a tratar de ser “poético”? Creo que fundamentalmente dos me parecen legítimos en grado sumo, y ambos conciben la poesía como una forma de “liberación”. Una corresponde al autor cinematográfico que aspira a esa libertad – a ser posible, total y absoluta, aunque sea con la contrapartida de aceptar desenvolverse dentro de los límites que impone un presupuesto y un rodaje de escaso coste–. La otra, al realizador que acepta encargos de todo tipo – institucionales, industriales, publicitarios, comerciales – y formato – de un spot o videoclip a un largo, pasando por todos los metrajes intermedios –, en los que, de alguna manera, intenta introducirse, que trata de aprovechar para sus propios (y tal vez inconscientes) fines y seguir elaborando una obra, a pesar de todo, personal, que al menos el director pueda reconocer como propia.

Resumen de la intervención en el Seminario “La Poética del Cine”, organizado por el Festival de Cine Europeo de Sevilla y la Universidad Hispalense (octubre de 2007)

lunes, 29 de mayo de 2023

Despedida a Sam Peckinpah

No sé si habrá sido así

pero quiero

imaginar tu entierro

como en un western de John Ford o alguno de los tuyos:

a contraluz

siluetas oscuras recortándose sobre el horizonte

un atardecer

en la cima de un promontorio

on top of Peckinpah Mountain

tu tierra natal

ahora lecho tumbal

de Madera County (California)


No sé si habrán cantado para ti otra vez

por última vez

Las Golondrinas (Adiós, adiós)

ni si te habrán despedido como hubieras querido

(tú tan dado siempre a los adioses hasta luegos hasta siempres)

pero así lo espero y lo deseo


Los que en todo caso no estuvimos allí

ni supimos a tiempo de tu muerte

sino a toro pasado a toro muerto

– como siempre, demasiado tarde –

queremos a distancia despedirte

despedirnos de ti

decirte poco a poco

adiós

con un vaso de ron Bermúdez

a falta de tequila y whiskey de Kentucky

escuchando la música de Grupo Salvaje

cantando para ti (aunque sea mal) Las Golondrinas

oyendo una vez más la melodía que escribió Bob Dylan

para tu Billy

o la amistosa queja de John Stewart en Durango

y brindando por Pat Garrett y Billy the Kid

Pike Bishop y Deke Thornton

Ben Tyreen y Amos Dundee

Gil Westrum y Steve Judd

y también ¿cómo no? el explorador Sam Potts y el viejo Sykes

Lyle y Tector Gorch o Arthur y O. W. Hadley – confederados –

Cable Hogue y Hildy, Bennie y Elita, Ace y Elvira y Junior Bonner

Doc y Carol McCoy, el reverendo Joshua Duncan Sloane

y el solitario mayor Scott, Buck Roan, Alamosa Bill, el sheriff Baker

y su presentida viuda, Paco, Pete Maxwell, Rolf Steiner y el sargento

Gómez, Teresa María Santiago, y otra Teresa, y otra más

y Elsa Knudsen, y otra Elsa distinta, y Aurora, María, Malinche, Amy

la enfermera, el juez Tolliver, los rapaces hermanos Hammond, Tim Ryan y

Aesop, Sierra Charriba, Riago, Linda, Mapache, Jimmy Lee Benteen

y tantos otros – “buenos” o “malos” – que nunca olvidaremos


Te recuerdo hace quince años casi

en el puerto de San Sebastián, comiendo sardinas con whiskey

y hablando de tu gente.

O precipitando el destino de Billy el Niño susurrando unas palabras

a Pat Garrett: “Termina de una vez”. Era de noche.


Te hiciste viejo

sin dejar de ser niño

y quizá por eso ofendió tu inocencia

tu violencia de niño

tu falta de pretextos


Ahora estás – supongo que insolente – Knock-

Knockin’ on Heaven’s Door

allí te esperan ya

muchos amigos:

Strother Martin, Warren Oates, Ben Johnson, R. G. Armstrong

John Davis Chandler (si no reapareció), Slim Pickens, Chill Wills

Paul Fix, Paco Reyguerra, William Holden, Robert Ryan, Edmond O’Brien

Steve McQueen, Al Lettieri, Joel McCrea, Robert Webber, Gig Young,

Helmut Dantine, James Mason…

qué se yo cuánto más…

No estarás solo, no…

parece como si a tu paso la muerte acelerase su trabajo

así que pronto

seguramente se reunirán contigo

los más inverosímiles supervivientes, como El Indio Fernández:

estás bien acompañado

y es seguro que todos acabaremos antes o después por esos pagos


Tú que quisiste seguir sin éxito el consejo

de otro asesinado por la vida – Nicholas Ray – y buscaste tu refugio

sin cesar

en la Frontera

y luego al Sur

y más y más al Sur del Río Grande

y luego en cualquier tiempo y cualquier parte, más cerca y más lejos

y no pudiste encontrar

ni la Frontera (borrada, perdida, traicionada u olvidada)

ni el refugio deseado

ni en México ni en las mujeres

ni en el alcohol ni en el cine

cabalgas ahora con el corazón parado

sin saberlo

completamente solo

hacia el refugio final


Ya nadie marcará tus pasos

criticará tus muertes y tu obra

mutilará tus imágenes

cortará el hilo de tu relato

apuntará a tu cabeza

ni tratará de confinarte en la reserva que según él corresponde

al indio que a medias siempre fuiste


Avanza con tu grupo, contigo tu wild bunch y tus fantasmas.

Ya no nos preguntaremos más

A dónde irá

veloz y fatigada

la golondrina que de aquí se va…

Esta vez sí lo encontrarás


Dicen que a todo llegaste demasiado tarde

– cuando el cine americano y el western tocaban al ocaso –

pero ahora te has adelantado

has llegado antes de tiempo

a la Región Dormida

quizá porque te hartaste de esperar en vano

de tanta mezquindad y corrupción

de tanto obstáculo

y preferiste dar el grito de marcha definitivo

el Let’s go! final


So goodbye, Sam, goodbye, we’ll drink to you someday.


Poema inédito (6 de enero de 1985)