Lamentablemente, no encuentro en el último decenio, 1991-2000, ni tanta variedad —cada vez todo se uniformiza más— ni tanta fuerza creadora como para verme impelido a hacer la trampa —para poder mencionar a dos— de separar la obra y el cineasta.
Para mí no hay duda de que la película —si se la puede llamar así, porque es más bien una serie de televisión, se sirve profusamente del vídeo y cuenta con muy poco material nuevo, rodado por el autor, aunque sí elegido y trabajado por él (y esta naturaleza 'ambigua' también me parece significativa)— no sólo más importante, sino más emocionante y más imaginativa, además de la que supone una más honda reflexión sobre la naturaleza, las posibilidades, las promesas incumplidas y la historia del cine, sentando así una base crítica pero no por ello teórica ni estática, por inestable y exclusivamente personal que pueda ser, para un progreso futuro, es Histoire(s) du cinéma de Jean-Luc Godard.
En ella Godard parece culminar —con una amplitud enorme, aunque con carácter selectivo— el trabajo al que parece haberse entregado —probablemente sin darse cuenta— desde sus primeros artículos críticos, desarrollando al máximo un nuevo concepto de montaje asociativo multidimensional, que ya venía desarrollando desde À bout de souffle (1960) y, sobre todo, a partir de Deux ou trois choses que je sais d'elle (1967) y —un salto más— de Sauve qui peut (la vie) (1979), y que incluye aspectos como el collage y la superposición de diferentes imágenes y sonidos, y su tratamiento cromático, con un mayor o menor grado de descomposición del movimiento, combinando así desde las investigaciones de Marey a los hallazgos de Lumière, Griffith, Vertov, Eisenstein en un sistema nuevo de análisis y generación de imágenes sugerentes.
Que no sea Godard un cineasta surgido en la década de referencia, sino muy anterior, veteranísimo y de edad avanzada —sin que ello le impida evolucionar constantemente, adaptarse a las nuevas técnicas y seguir estando en la cabeza de un cine que, en general, apenas se mueve y que rehúye como la peste conceptos como vanguardia, experimentación, ensayo, estética, estilo, autor o lenguaje—, puede, quizá, decepcionar a los más jóvenes, que ansían tomar el relevo sin hacer nada para merecerlo, pero a mí no me sorprende en absoluto.
Es un síntoma más, al igual que el hecho de que no sea Histoires(s) du cinéma ni siquiera una obra concebida e iniciada en los noventa, aunque sí completada en ese decenio. Son circunstancias que tampoco me parecen casuales, sino concordantes con la fase de marasmo y desconcierto en que parece encontrarse el cine.
En Secuencias nº 16 (segundo trimestre de 2002)
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