lunes, 20 de julio de 2026

Firefox (Clint Eastwood, 1982)

Película menor, y se diría que consciente si no deliberadamente, Firefox, el arma definitiva se presenta como un ejercicio de estilo dentro de la variada ronda genérica emprendida por Eastwood en los primeros años de su carrera como director, en una etapa durante la que se diría que trataba de demostrar que era capaz de realizar con éxito cualquier cosa, lo que en parte era cierto, pues desde la primera dio pruebas de talento, y en cualquier caso se lo parecería a los responsables del dinero, ya que toda película interpretada por él parecía tener asegurado el éxito en taquilla.

Pese a breves y más bien chapuceros flashbacks traumáticos (Vietnam), es de una linealidad absoluta –divisible, muy tradicionalmente, en tres actos–, y con absoluta ausencia de mujeres o subtramas, sean sentimentales o de otro tipo. Es un mero alarde narrativo, aunque de género híbrido: básicamente, se trata de una película de espionaje, que toma abundantes préstamos de Cortina rasgada (Torn Curtain, 1966) de Alfred Hitchcock, pero su último trecho es pura proeza aeronáutica, con rudimentarios mas sumamente eficaces y bonitos efectos y trucajes (de John Dykstra). Frecuentemente menospreciada y hasta ridiculizada, Firefox tiene fama de lenta, lo que se me antoja un reproche injusto, pese a no estar seguro de haber visto nunca la versión inicialmente distribuida, a la que la amputación de 13 minutos no mejoraría el ritmo; puede que fuera larga, pero lenta desde luego no, suena a crítica lanzada con el deliberado propósito de disuadir al lector de molestarse en ir a verla.

Es curioso que Eastwood se plantease ya historias de "jubilado": se trata de un piloto de cuya vida y milagros no sabemos sino que quedó traumatizado por su experiencia de prisionero de guerra y por las muertes ocasionadas por su liberación, que le han dejado con sentimientos de culpabilidad, que lleva tres años sin volar, al que alistan como voluntario forzoso para la descabellada e inverosímil empresa de robar a los rusos el super-avión que les daría absoluta superioridad aérea sobre Estados Unidos. No se busquen complejidades ni reflexiones éticas: a nadie le preocupa lo más mínimo ni el coste ni la improbabilidad del hurto. Los soviéticos se defienden como pueden (obviamente, con insuficiente eficacia). No se utilizan mapas para indicarnos la trayectoria viajera de Eastwood, ni ferroviaria ni automovilística ni aérea (y no nos preguntemos qué cañones nevados entre montañas surcan los dos prototipos del Firefox después de despegar Clint de un témpano en el casquete polar).

Las consecuencias políticas del secuestro tampoco se mencionan, como si a todos los órganos de decisión les tuviesen sin cuidado, a un lado y otro; en ambos bandos puede notarse la ausencia no subrayada de los máximos dirigentes (¿marginados por los militares y los servicios secretos?), ni el Presidente de los Estados Unidos parece ser informado y sólo el Primer Secretario del P.C. de la URSS parece estar difusamente al tanto (dada su inesperada asistencia al vuelo inaugural), aunque con pocas ideas (y no muy brillantes) sobre cómo actuar.

Hay que resaltar una originalidad: no hay nada que se parezca ni remotamente al "suspense", ya que sabemos desde el principio que Clint es el mejor piloto imaginable, pese a su inactividad, ya que es el único que podría intentarlo: de origen ruso, habla la lengua y (no muy convincentemente) puede pensar en ruso, requisito indispensable con un avión que procesa las órdenes mentales del piloto. Por tanto, no tenemos nunca la menor incertidumbre acerca del final "feliz" para los americanos de tan alocada y desesperada iniciativa. La irreprimible manía anglocentrista del cine americano se revela particularmente irritante en Firefox, ya que, a pesar de abundantes frases en ruso no subtituladas, no se atreve a hacer que cuanto piensa (en voz alta) a los mandos del avión esté en esa lengua y con subtítulos.

Lo más curioso es que la película, con todas sus inconsistencias y su falta de suspense, resulta sumamente entretenida y hasta divertida. Nos están contando un cuento, y nos lo dejamos contar. De una forma puramente mecánica y convencional, pero sumamente dinámica, esta fábula increíble consigue que suspendamos por completo nuestra incredulidad y que durante dos horas casi no pensemos, ni tengamos en cuenta simpatías o antipatías ideológicas de las que la propia película parece haber prescindido alegremente, en aras de la fabulación, la linealidad y la eficacia. Sumidos en la contemplación de bonitas maquetas de aviones volando, haciendo acrobacias y disparándose en hermosos cielos artificiales, nos dejamos conducir "en volandas" hacia el inevitable final de este moderno (y ya muy anticuado) cuento de hadas. Si a veces Eastwood se acerca al realismo, aunque nunca olvide la estilización, aquí recuerda casi a Georges Méliès y nos procura un semejante regocijo infantil.

En “El universo de Clint Eastwood”. Madrid : Notorious, diciembre de 2009.

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