Ettore Scola, antiguo guionista de Dino Risi, a menudo con la pareja Age-Scarpelli, es hoy un veterano; eso, en el actual cine italiano, significa, con suerte, ser un superviviente. En el caso de Scola, supone también una posición ideológica, lo que quiere decir que Competencia desleal es una de las raras películas italianas recientes que no está producida por Berlusconi, lo que no deja de ser un alivio en un casi monopolio que tiene todas las posibilidades de la censura, sin ninguna de sus desventajas.
Nos ha llegado casi de milagro, y temo que no aguante mucho. Los honores y la taquilla fueron para la deplorable, manipuladora y falsa La vida es bella de Roberto Begnini; Competencia desleal es lo contrario: no hace chantaje al espectador, no le fricciona su fibra sensible; no hay héroes ni apenas gente inteligente ni extraordinaria, meramente con la decencia suficiente para escandalizarse con los primeros asomos -aún relativamente incruentos, pero terriblemente mezquinos, humillantes e injustos- de las leyes racistas aprobadas en 1938 en Italia, por influencia de Hitler, cuando el régimen fascista llevaba ya dieciséis años en el poder. Admirable pintor de familias -así se llama la que sigo prefiriendo de las suyas- y director de actores extraordinario, consigue que comprendamos y que nos indignemos, que nos emocionemos con dignidad.
Texto preparatorio para la intervención en El Séptimo Vicio, en Radio 3. Escrito el 26 de septiembre de 2002.
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