Jean Douchet nació en 1929, y fue uno de los críticos más destacados de Cahiers du Cinéma. En 1962 realiza su primer cortometraje, Le Mannequin de Belleville, y tras su episodio de Paris vu par…, Saint-Germain-des-Prés (1965), se ha dedicado a dirigir cortos didácticos sobre cine, prosiguiendo de esta forma su labor de crítico.
Según confiesa, lo que le interesó de este sketch fue la idea de mostrar Saint-Germain-des-Prés de día, cuando ha desaparecido su animación y ambiente nocturno. Era, pues, una tentativa de "desmaquillaje" de un decorado, de contraponer dos mundos, de sugerir el uno mostrando el otro, de enfrentar el Saint-Germain ficticio con el real. Tentativa, pues, cercana a algunas de las obsesiones de Minnelli, uno de sus directores favoritos. Sin embargo, hay que resaltar que la influencia del autor de Como un torrente es muy superficial, limitándose a prestar atención al decorado, a la captación de ambientes y al uso del color (la bata roja de Katherine). Lo más conseguido de la película es su presentación inicial —durante tres minutos— del Saint-Germain diurno y vacío, en suntuosos travellings, si bien acompañada por una petulante voz en off. Tenemos, pues, que el de Douchet es, tras el de Rohmer, el más geográfico, el más parisino de los episodios que componen la película, pero precisamente el compararlo con el rigor y la austeridad de Place de l'Étoile nos revelará todas sus limitaciones. Porque, finalmente, el sketch de Douchet es, tras el de Pollet, el peor, oponiéndose al bloque de calidad que forman los de Rouch, Godard, Rohmer y Chabrol, y desequilibrando la película. Ciertamente, es el más cuidado estéticamente, el más "bonito", el que tiene un empleo del color más elaborado (gracias, en parte, al extraordinario Néstor Almendros), pero también el que tiene un argumento más tonto e insignificante —aunque sin las concesiones fáciles de Pollet—, y no sólo es endeble y no aporta nada nuevo, sino que es de una pedantería irritante, misógino y esteticista, y la dirección de actores resulta totalmente desajustada y aproximativa en los dos personajes masculinos, lo cual hunde completamente el ritmo de la película, factor que, unido a las enormes pretensiones de Douchet, la convierte en un objeto carente de interés.
En Nuestro Cine nº 91 (noviembre de 1969)
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