viernes, 4 de septiembre de 2026

Carta a Borau

Madrid, 14 de abril del 2000

Querido José Luis:

Aunque charlamos bastante el otro día, después de años de hablar muy de tarde en tarde, poco y apresuradamente, lo cierto es que de la película en sí misma apenas se trató, preocupado como estabas por su recepción; siento no haber podido darte excesivos ánimos al respecto, ni una visión más optimista del panorama en el que nos movemos, pero todavía soy incapaz de decir algo que no pienso, aunque alguna rara vez consiga callarme parte de lo que pienso. Y, además, ¿para qué hubiera servido?

Creo que poco puedes hacer ya por la película, después de haberla hecho, salvo prestarle ese apoyo de salida - necesario pero insuficiente - que supone estar "disponible" y aceptar contestar preguntas. Ni la crítica (mejor diría, "la crónica de estrenos") sirve de gran cosa, ni es seguro que quienes se ocupan de tales menesteres sepan muy bien qué decir a propósito de una película como Leo, con lo cual nada que resulte verdaderamente atractivo escribirán, si es que no llega a irritarles su incapacidad para explicarla, o su clara condición de "film de autor". Ah, si se limitaran, sin buscar frases supuestamente brillantes (chuscas misturas de metáforas desdichadas) ni justificaciones teóricas o culturales, a dar a entender que una obra es apasionante o a trasmitir al menos una curiosidad que diera ganas de verla...

Yo apostaría que todos los que presten a la pantalla un mínimo de atención la seguirán no ya sin problemas, sino sin lograr desengancharse un momento, desde el principio al final. Y que el espectador que se meta en ella saldrá satisfecho. Quizá no tanto como entusiasmado, porque no sabrá muy bien qué decir, y esa vacilación o indecisión le impedirá expresarse rotunda y claramente. El problema mayor sigue siendo conseguir que el número suficiente de personas decidan ir a ver Leo, y para colmo lo antes posible.

Las virtudes de la película me parecen claras y evidentes, y no te las voy a contar precisamente a tí, que las sabrás mejor que nadie, lo mismo que le verás algún defectillo que yo, al menos en primera visión, no he logrado encontrar; lo que dudo que muchos las tengan todavía por virtudes fundamentales. No podrán, seguramente, ser rotundos, porque la película no se da "aires" ni hace esfuerzo alguno por convencer al público de su excelencia o importancia histórica o estética. Y el desconocimiento y la falta de criterios claros impedirá a muchos percibir su superioridad con respecto a casi toda la cartelera. A mí me gusta mucho Todo sobre mi madre, porque es muy personal y se atreve a expresar muy claramente cosas bastante insólitas, muy sentidas, que suelen ocultarse; Leo me parece claramente mejor, pero ve por ahí a decirlo, y verás qué respuesta obtienes: no lo aceptaría ni uno de los que no han visto ninguna de las dos, y sospecho que ni siquiera aquellos que, en voz muy baja, casi en un susurro, declaran que a ellos no les gusta nada la película de Almodóvar. Si te fijas, hay muchos conmovidos y gratamente sorprendidos por Solas que dan por sentado que, por bien que esté, "naturalmente" carece de la importancia de Todo, y que no serán capaces de decir que les parece mejor, o en todo caso, como si fuese una limitación suya, que a ellos les "gusta" más Solas, como una muy discutible opinión subjetiva, aunque, "desde luego", sea más "importante" Todo... Y contra eso no hay nada que hacer. Así que no esperes que nadie se extasíe o lance las campanas al vuelo, por mucho que le guste o interese Leo, al menos entre los que escriben en los medios que pueden tener alguna influencia en la suerte en taquilla de la película.

Por eso creo que Leo ganará la batalla a largo plazo, en privado, entre personas que quizá no airean su opinión, y que es una película más adecuada para dos o tres cines no muy grandes que para 25 en Madrid y provincia. Pero como, en todo caso, aunque llegases a estar de acuerdo conmigo, no tienes poder para imponer un método de lanzamiento opuesto al hoy de moda, y encima tu única posibilidad económica parece que sería alcanzable únicamente con 80 copias y mucha suerte, sin que el tiempo en que se recauden 50 millones sea un factor secundario, sino de vida o muerte, el caso es que poco puedes hacer ya, una vez hecho lo fundamental, la película misma, salvo empezar la siguiente cuanto antes.

Como te dije muy de pasada anteanteayer, creo que Leo es tu mejor película. Con eso no quiero decir "mejor que las últimas", ni que la encuentre al mismo nivel que las mejores -para mí, como sabes, y en este orden, eran hasta ahora Hay que matar a B., Furtivos y La Sabina o, para ser más preciso, The Sabine, pues la versión española era poca cosa comparada con la original bilingüe-, sino nítidamente mejor. Tampoco me limito a pensar que es tu mejor trabajo de dirección, el más conciso, el más complejo, el más preciso, el más sobrio, el más controlado, sino la mejor de tus películas desde mi punto de vista de espectador (no de seguidor de tu carrera como autor cinematográfico): la más emocionante y menos sentimental, la más breve pero con información suficiente, la más misteriosa y elíptica aunque inteligible, la más exigente y crítica hacia los personajes pero también la más generosa; y siendo, en el fondo, la más escéptica (alguno diría pesimista), no es en modo alguno deprimente o desesperanzadora de tono, en parte simplemente por lo poco retórica que es.

Lo que ocurre es que una película así contrasta con todas las demás. Si en 1973 no tenías nada en común con el entorno e ibas por libre, hoy, habiendo evolucionado con el tiempo pero desde los mismos principios tanto sobre el cine como sobre los seres humanos y la vida, es decir, tras avanzar por el mismo camino, estás mucho más en desacuerdo (o en abierta discrepancia) con lo que te rodea. Eso hace que la película, sin proponerte tú que sea "diferente", sea completamente distinta de las demás. Y eso, José Luis, es peligroso, como muy bien sabes: si la gente, vagamente, se siente disconforme, puede encontrar en tu película una expresión de lo que intuye o le preocupa; si está entregada al conformismo y la satisfacción de sí misma, os verá a ti y a la película como un par de rarezas extemporáneas o inoportunas, incordiantes, y no le gustará Leo.

Creo que va a sorprender, en general. Que nadie se espera que sea como es. Eso me hace pensar que quizá se podría utilizar ese rasgo como argumento de atracción. No es descarado autobombo advertir que es una película sorprendente; avisa un poco, crea expectativas y, además, no las defraudará. Había algo semejante, si no recuerdo mal, en el lanzamiento de Furtivos (algo acerca del bosque y lo que en él sucede, por debajo o por detrás de la aparente calma, tranquilidad o normalidad). Otro elemento con el que ya nadie juega, y tú podrías hacerlo con abundante materia prima, son los personajes; creo que es una baza explotable, porque tienen mucha fuerza en Leo, son lo más importante, lo más visible y lo más oculto. Hasta la falta de explicaciones de la película da pie a "presentarlos" de antemano, muy someramente. Y quizá también, de algún modo, el escenario del drama, el polígono. Y puede que decir eso de que es una película sobre el peso o la gravitación del pasado, pero sin flashbacks, también podría ser intrigante y atractivo sin despistar, sino orientando un poco a los posibles espectadores sobre cómo ver la película.

Tampoco está mal como demostración en vivo de la plena vigencia actual del clasicismo que no se ha estancado, ni es copia o remedo del pasado, sino que se va adaptando a los temas y a la época que explora, lo mismo que fueron haciendo Hitchcock o Lang, Hawks o Ford: adaptando y desarrollando su estilo a cada época, sin que dejase de ser básicamente el mismo, y tan clásico en los 60 como en los 20.

En todo caso, como aficionado al cine, gracias por hacerla. Como amigo, te deseo suerte, y que no tardes mucho en ponerte a hacer la siguiente. Un abrazo,

Miguel Marías

* * *


Madrid, 25 de abril de 2000.

Querido Miguel:

No sé cómo explicarte el bien que me ha hecho tu carta. Y no sólo ya por cuanto dices en ella de "Leo", sino por el ánimo y la entrega que implica semejante atención.

Siempre he creído que la célebre soledad del corredor de fondo no se manifiesta durante la carrera -hay que ganar o al menos seguir adelante como sea-, sino al final, cuando el esfuerzo ha concluido y sólo se oyen, por lo regular, unos cuantos aplausos aislados.

Es el momento de preguntarse por qué y para qué se ha corrido e incluso, en el mejor de los casos, el sentido de la misma victoria. Uno recoge la impedimenta y se va despacio a las duchas, a que la alcachofa de zinc llore por él.

Creo que tienes razón en cuanto dices, sobre todo al hablar de lo difícil que resulta dirigirse al espectador de hoy, impaciente, distraído y estragado por el uso y abuso de los productos "en oferta". Quien trabaja sin edulcorantes ni colorantes, y se dedica a recoger los frutos cuando caen maduros, puede resultar tan patético como un catetillo situado a la puerta del supermercado con su cesto de manzanas.

Por otra parte, se puede saber la razón de haber hecho las cosas de una forma u otra, así o asá, pero nunca cómo han salido al final ni siquiera hasta qué punto quedaron cumplidos los propósitos del inicio.

Que entonces venga un buen amigo, de reconocido criterio y probada sinceridad como tú, dispuesto a poner orden en tamaña confusión, es algo muy difícil de pagar y por lo que uno ha de quedar en deuda a la fuerza "pa" los restos. (Yo ya lo estaba, dicho sea de paso).

Con la gratitud correspondiente, y el deseo de que vuelva a presentarse la ocasión de hablar más y con cierto sosiego, de Cine o de lo que sea, ahí va ahora un fuerte abrazo para Mary Reyes y para tí

José L.

No hay comentarios:

Publicar un comentario