Temo que el mismo título de esta película aleje de ella a muchas personas, entre ellas las que más podrían encontrarla sumamente interesante, aunque es de temer que hoy los nombres de Fernán-Gómez y de Miguel Mihura no les digan gran cosa a los más jóvenes, si no es que les atribuyen, apriorísticamente, algún tipo de machismo.
Sin embargo, es una película que mostraba en su época, y aún lo puede hacer ahora, no sólo que, como es evidente, las cosas habían cambiado mucho desde 1895 y siguientes, sino que todavía ahora, aunque menos, ciertamente, que en 1960, quedan muchas cosas por cambiar. Que lo haga con humor y hasta con buen humor, pacíficamente, y no con odio ni rabia, ni abusar de las generalizaciones, probablemente no deje ver lo que muy claramente pone de manifiesto y critica, ya que el mundo se ha hecho más malhumorado y agresivo, más gruñón y esquemático, más maniqueo y más intolerante.
No es, en modo alguno, una película tímida ni timorata, pero sí, ciertamente, es una comedia y no un drama realista ni tampoco un melodrama lacrimógeno, que son dos opciones asequibles para los hechos reales en que se basa. A mi entender, es una forma de hacer críticas más eficaz, y sobre todo, en 1960 el humor la hacía mucho más práctica, pues evitaba encontrarse frontalmente con la censura. Los que confunden lo ligero, ameno, divertido, humorístico con lo intrascendente y sin capacidad de transmitir ideas o de poner en solfa los principios que una sociedad anticuada y anquilosada trata de imponer, además de equivocarse, suelen dejar pasar lo que expresado con solemnidad prohibirían.
De ello han sido conscientes, diría que en todas las épocas, los cineastas españoles, como antes los dramaturgos en cuyas obras se han basado muy a menudo aquellos. Hoy se ignora o se finge despreciar (porque no se puede despreciar realmente lo que se desconoce) a Carlos Arniches o los Quintero, a Mihura o Jardiel, sin reparar en que desde Buñuel para abajo, en ellos se han apoyado la mayoría de los que han hecho cine en España, en especial (pero no sólo; la sociedad es a veces aún más regresiva) en tiempos de dictaduras.
Sólo para hombres plantea con sarcasmo e ironía la odisea burocrática y hasta objeto de agrios debates parlamentarios y mediáticos, de una joven (muy bien encarnada por Analía Gadé), nada ansiosa por casarse, hija de un cesante, que pide ingresar en la administración como empleada del Ministerio de Fomento. El estupor y el escándalo ante tan inédita e insólita pretensión son inmensos, pero al no encontrarse argumento legal convincente para impedírselo, se ve admitida por un periodo de prueba… en el que pone en evidencia lo anticuado de los usos y procedimientos imperantes, además de la desidia, pasividad, lentitud y vagancia de sus colegas masculinos y su falta de iniciativa, todo lo cual demuestra, sin subrayarlo y con discreta buena educación y serenidad, que ella es más eficiente, rápida, pulcra y ejecutiva que los demás. Naturalmente, la frecuencia con que los cambios de gobierno de la época dejaba en suspenso las iniciativas o derogaba las leyes recién aprobadas por los precedentes gobernantes, hace que la ejemplar empleada pública se vea despedida, y sin otra alternativa que casarse y esperar que al menos uno de los integrantes de la pareja tenga empleo cuando el otro lo pierda.
En “El universo de Fernando Fernán Gómez”. Madrid : Notorious, julio de 2021.
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