No me cuento entre los fanáticos —que los hay— de Rob Reiner (y menos aún de su padre, Carl), por lo que esta película, la segunda que me gusta —tras The Princess Bride—, no hace sino confirmarme en la impresión de que su interés depende directamente de la calidad de los guiones que elige, y no sólo del género de historia que cuenta, sino del tono y la estructura del relato; hasta el punto es así que casi todas sus películas tienen algo apetecible y atractivo "a priori", y sin embargo me producen la frustrante sensación de que no llegan a ser tan buenas como podrían y deberían, precisamente porque el director las desaprovecha, no las "realiza" con suficiente energía... o no se las cree del todo. Tiene Rob Reiner, cuando menos, cierta tendencia al camaleonismo estilístico, y no llaman la atención su precisión ni su nitidez, por lo que es comprensible que, al terminar sus películas, uno lamente que no la haya dirigido otro.
Esto apenas sucede, sin embargo, con Misery, que suma a un argumento espeluznante —aunque no exento de humor— de Stephen King (con matices autobiográficos) y un guión inteligente, bien construido y dosificado, como todos los de William Goldman (sin ir más lejos, el de La princesa prometida, como antes los de Dos hombres y un destino, El león de invierno, Robin y Marian, etc.), una puesta escena más fluida, elegante, sobria, exacta y eficaz, y una dirección de actores inusitadamente sutil, en la que destacan James Caan y la "maternal" y amenazadora Kathy Bates, tan devota como posesiva e intolerante admiradora de la serie de novelas escritas por el primero con una tal "Misery" como protagonista, de la que el novelista está harto, pese a su éxito de ventas y de crítica, por lo que ha decidido cambiar de registro y dar rienda suelta a su afán de expresión personal. Cuando la fornida exenfermera que le ha salvado de morir en la nieve tras un accidente automovilístico y que le cuida con opresiva solicitud le pide que le deje leer el manuscrito, el autor tiene la debilidad de acceder, sin darse cuenta de lo que se juega, ya que de hecho está secuestrado, incomunicado e inmovilizado, y su puritana "fan" se escandaliza y se siente hasta tal punto traicionada por el "asesinato" de su personaje favorito que será capaz de cualquier cosa para suprimir ese libro herético y obligarle a volver al "buen camino": el resto es una pesadilla angustiosa y algo cómica que muestra lo peligrosa que puede ser una persona poco inteligente y de espíritu totalitario, y que no sería descabellado interpretar como una parábola acerca de las diferentes formas de censura existentes y sobre la cárcel.
En “Todos los estrenos. 1991”. Madrid : Ediciones JC, diciembre de 1991.
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