Realmente, sorprende y admira la continuidad, la homogeneidad visual y estilística que Francis Ford Coppola ha logrado mantener en esta tercera entrega de la tragedia de los Corleone, ya que han transcurrido dieciséis años desde El Padrino II y dos más desde El Padrino, y en ese tiempo muchas cosas han cambiado dentro y fuera del cine. Cierto que esta historia de familia es una película "familiar", en la que intervienen varios parientes de Coppola (su padre Carmine, su hija Sofia, su hermana Talia Shire) y un grupo de actores y técnicos que son desde hace mucho sus más asiduos colaboradores o que, por lo menos, se reencuentran al cabo de los años, con ocasión de cada capítulo de esta crónica inacabada, que todavía puede continuar, y que a medida que se desarrolla va revelándose también como una radiografía de los Estados Unidos.
Aunque en nada desmerece de los dos episodios anteriores, y en teoría podría beneficiarse del resurgimiento del cine "negro" que ha tenido lugar en 1990 (véanse las últimas películas de Martin Scorsese, Joel Coen, Spike Lee, Stephen Frears, Barbet Schroeder, Abel Ferrara, etc.), todo parece indicar que The Godfather Part III no está teniendo la entusiasta acogida ni va a conseguir la espectacular recaudación de sus hermanos mayores, probablemente porque, a medida que nos acercamos al presente y la mafia va blanqueando sus negocios, se reduce el carácter mitológico, legendario y espectacular de los personajes y sus peripecias, y todo resulta más prosaico y cotidiano, menos atractivo, y ello a pesar de que Coppola, lejos de caer en el naturalismo y el remedo del documental, ha ido potenciando progresivamente el lado operístico de la película, hasta culminar en el sutil juego de rimas visuales y dramáticas entre la representación en escena de Cavalleria rusticana y la ronda de muertes que cierra en espiral El Padrino Parte III.
Si este por ahora último episodio tiene una limitación es que, por ser ya el tercero, no sorprende: no defrauda las expectativas, mantiene el nivel, pero contiene pocas novedades y resulta, quizá, menos dramático que los precedentes: sobre todo, carece de la sorprendente audacia narrativa de la segunda parte, que no sólo desmiente (una vez más) el refrán, sino que sigue siendo, a mi modo de ver, la obra cumbre de Francis Ford Coppola, pese a ser este uno de los contados gigantes del cine actual, y a ser muchas las grandes películas que lleva realizadas. De todos modos, El Padrino Parte III supone una clara recuperación en su carrera, que dentro de la excelencia estaba experimentando altibajos, sin duda ligados a la inseguridad artística que ha de provocar en él la permanente zozobra económica en la que vive desde el inmerecido fracaso de Corazonada, que dio al traste con los ambiciosos planes de producción de Zoetrope Studios.
Aunque seguir con el El Padrino puede interpretarse malintencionadamente como una vuelta al redil, tras empresas disidentes como su apología del rebelde Tucker, que también tuvo la osadía de enfrentarse a los "grandes" del sector, e incluso trató de hacerles la competencia, tengo la impresión de que el establishment de Hollywood todavía no le ha perdonado, como sigue sin quitarle el veto a Michael Cimino, y que el rencor de buena parte de la industria y de sus acólitos e intermediarios hacia Coppola se mantiene intacto; de otro modo, no comprendo la virulenta campaña desatada contra su hija Sofia, que sobre la marcha tomó el relevo de la actriz inicialmente prevista para interpretar el ingrato papel de Mary Corleone, la hija de Michael (Al Pacino), y a quien se ha obsequiado con todo tipo de burlas, insultos y sarcasmos, hasta el extremo de reírse a carcajadas en un pase privado o de votarla "la peor actriz del año", acusando a su padre tanto de ceguera como de nepotismo. Tan implacable persecución parece, cuando menos, desusada, y contraria a la habitual complacencia de los gacetilleros, sobre todo teniendo en cuenta que el papel no es muy largo ni excesivamente lucido, y que para cualquier actriz debía tener muy poco atractivo, pues encierra más riesgos que ocasiones de brillar. Lo más curioso es que, a mi modesto entender, la incipiente actriz está perfecta en su papel: no sólo da el tipo, con su cara de italiana y sus gestos de americana, y aparenta la edad y la inexperiencia adecuadas, sino que además no se pasa en ningún momento y aguanta la cámara con entereza en las situaciones más desprotegidas y más vulnerables. Es posible que, de no ser su padre quien le pidió que lo hiciese y quien iba a guiarla, y de ser más veterana como actriz, se hubiese negado a interpretar ese papel, tan poco brillante, tan sin asideros, pero lo cierto es que se atrevió, y resiste perfectamente la confrontación tanto con un monstruo consagrado (Al Pacino, que mejora con la edad) como con una gran revelación (Andy García, que suscita el recuerdo de los actores que hicieron de su padre y su abuelo, James Caan y Robert De Niro).
Quizá resulte escandaloso, pero creo que este tercer capítulo confirma The Godfather (en su conjunto) como probablemente la mejor, más rica y compleja película de gangsters que se ha hecho, por encima incluso de los clásicos fundacionales del género, La ley del hampa de Sternberg, Scarface de Hawks, El enemigo público de Wellman, Las calles de la ciudad de Mamoulian o El pequeño César de Le Roy, dado que no considero como exclusiva ni primordialmente perteneciente a ese género Chicago, año 30 de Nicholas Ray, aunque se desarrolle en ese ambiente.
En “Todos los estrenos. 1991”. Madrid : Ediciones JC, diciembre de 1991.
No hay comentarios:
Publicar un comentario