Permanezcan atentos a la cartelera, no se les vaya a pasar. Y por la poca prisa que se han dado en estrenarla, temo que no tenga un gran lanzamiento publicitario. Además, es probable -y ojalá me equivoque- que no se le haga mucho caso, porque tiene la rara virtud de no darse aires de importancia, y hoy se desprecia la modestia. Hay que estar al acecho y no dejar para otro día las películas españolas, no sea que las quiten antes de que nos demos cuenta.
Se trata del primer largo que dirige Manane Rodríguez, y se llama Retrato de mujer con hombre al fondo. Un título demasiado largo, un tanto serio, se dirá. Pero describe con precisión la película. Que es muy seria, en el mejor sentido de la palabra. Quiero decir que es responsable con sus personajes, que a la autora le importan, que no los simplifica ni para idealizarlos ni para caer en el maniqueísmo antimasculino en el que a veces caen algunas cineastas. Los hombres, al fondo pero casi constantemente presentes, son verdaderos, con defectos reales y no imaginarios; no son una pandilla de imbéciles canallas, de conducta deliberadamente machista. Las mujeres, también auténticas, no son inverosímiles heroínas ni mártires completamente irresponsables de sus desdichas.
Es una película dramática, pero sin excesos, y tampoco carece del sentido del humor que, creo yo, suelen tener las personas inteligentes (sin que el sexo intervenga en su distribución, aunque si quizá en su estilo). No es rara ni rebuscada, pero no se parece a las demás. Cuenta con varias muy notables interpretaciones, sobre todo la de Paulina Gálvez, que ya prometía en otras apariciones pero que aquí soporta el peso de la película; sin ella, sería otra. Como todavía la mayor parte de la gente, los personajes de Retrato de mujer con hombre al fondo hablan mucho; pero no demasiado, y no siempre dicen tonterías. No es una película optimista, desde luego, pero tampoco negativa o tremendista: con frecuencia, las cosas son así, y no es malo que unos y otros nos veamos de vez en cuando reflejados en la pantalla, siempre que reconozcamos que, en parte, somos así.
En El Mundo. Escrito el 18 de mayo de 1997.

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