miércoles, 8 de abril de 2026

Jungle Fever (Spike Lee, 1991)

Lástima que la no distribución en Europa de School Daze (1987), como si los adolescentes negros fueran a ser menos comprensibles que los blancos, impida calibrar la gradual pero veloz maduración de Spike Lee, como autor con cosas que decir y como director con estilo propio, porque lo que más llama la atención de sus dos últimas películas —en general, menos apreciadas que She's Gotta Have It (Nola Darling, 1986) y Do The Right Thing (Haz lo que debas, 1989)—, tanto Mo' Better Blues (Cuanto más mejor, 1990) como Jungle Fever, es el progreso hacia un creciente dominio de la narración cinematográfica y la dirección de actores, que permite al cineasta un avance paralelo en sus posiciones ideológicas y su visión de los personajes, cada vez más amplia, tolerante y generosa.

Hace tres años no le hubiésemos creído capaz —si lo era— de crear un personaje como el ejemplarmente interpretado por Annabella Sciorra, es decir, tan central y tan justamente tratado como un negro, aunque sea mujer y de origen italiano, y por tanto blanca, además de proceder de la clase media-alta que habita Bensonhurst, en lugar de ser vecina de Harlem o, por lo menos, del Bronx. Ni hubiera estado en condiciones de darle a la historia el final realista que tiene, en realidad menos pesimista de lo que puede parecer a primera vista y, sobre lodo, el único posible sin hacer trampa —sin hacer como Almodóvar con el de Átame!—; Spike Lee no se ciega a la realidad para hacer un cántico al entendimiento racial, ni echa la culpa a uno de los grupos étnicos-afectados: deja claro que la tienen los dos, cada cual a su manera —tampoco tan distinta—, y que hace falta que los sentimientos sean muy auténticos y los enamorados, además de sinceros, tengan mucha fuerza y aguante para que su relación pueda prosperar en un ambiente tan hostil, contra tantas dificultades, por encima de tales barreras... por otra parte, Lee no invita a renunciar, ni acepta como inevitable el final infeliz del intento: cuando los protagonistas se dejan, otra pareja empieza a tantearse.

Que la dirección de actores sea prodigiosa, y la vitalidad de la puesta en escena tan apabullante como la de Martin Scorsese —y con menos alardes— no es ya una novedad para los seguidores de Spike Lee, sin duda una de las más interesantes y prometedoras carreras actualmente en curso en América.

En “Todos los estrenos. 1991”. Madrid : Ediciones JC, diciembre de 1991.

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