1. Como ocurre con casi todos los cineastas que empezaron su actividad durante el mudo, aunque en unos países más que en otros, no se conserva la obra entera de Ozu Yasujirô. Sin embargo, y aunque sigan desaparecidas las siete primeras películas que hizo en sus dos primeros años como director, su caso es menos grave que el de otros cineastas japoneses de su generación. Todas las que rodó desde 1941 están preservadas, y aunque faltan algunas de los 30 cabe confiar en que las 33 disponibles comprenden lo mejor que hizo, salvo que haya alguna joya inesperada entre las 19 que permanecen perdidas; los fragmentos existentes de otras dos no hacen pensar que su hipotética reconstrucción supusiera un descubrimiento esencial. Quiere esto decir que, una vez visto cuanto hoy puede verse, se puede considerar a Ozu como un cineasta conocido, de trayectoria explicable.
2. La valoración de conjunto confirma lo que hace sospechar la visión de tres o cuatro de sus películas más famosas: que se trata de uno de los mayores cineastas japoneses, junto con Mizoguchi y Narusê, lo que equivale a decir que es uno de los más grandes directores de la historia del cine. Incluso si, vistas todas las que pueden verse hoy, siguen pareciendo las mejores algunas de las posteriores a la Segunda Guerra Mundial, conviene ver todo, ya que se trata de un "autor de obra", mucho más que de un autor de películas; muchas se parecen bastante, pero presentan variaciones o matices complementarios; su maduración es relativamente temprana (hacia 1932 tiene un estilo definido, que va perfeccionando y puliendo, pero ya sin grandes cambios), pero el tono, el ritmo y el dinamismo de sus obras de juventud amplían considerablemente la imagen, excesivamente monocorde, que podemos hacernos de él si ignoramos esa etapa de aprendizaje y nos concentramos exclusivamente en su fase de madurez, ya que empezó a dirigir a los 24 años y murió con sólo 60.
3. Parece que nunca fue un director muy taquillero, aunque varias de sus películas tuvieron buenos resultados comerciales y, por lo general, cubrían costes sin problema. No fue un director minoritario ni marginal, y trabajó casi toda su carrera bajo contrato con la Shôchiku; sólo de vez en cuando, cumplido su compromiso anual con esta productora, hizo algo para otra casa. Casi todo su cine se inscribe dentro del shomin-geki, género contemporáneo, familiar y superficialmente "realista", por mucha estilización que haya en su tratamiento. Casi siempre hay humor en sus películas, y pocas veces ocurren sucesos muy graves, dramáticos o violentos, que nunca reciben un tratamiento melodramático, enfático o reivindicativo, como sucede, en algunas ocasiones, en Narusê, Mizoguchi, Tanaka Kinuyô y, sobre todo, Kurosawa. Son películas susurradas y tranquilas, aunque todavía en los 30 hay algunas incursiones en géneros típicamente "americanos" -como el policiaco y la comedia-, y alguna asombra por su tono travieso y desenfadado, su ritmo vertiginoso y la abundancia de gags.
4. Simplificando mucho, se podía adscribir buena parte de su filmografía al costumbrismo y a las medias tintas. Sin embargo, nunca proponen generalizaciones ni sus personajes son emblemáticos o representativos, ni son el "hombre medio” ni la familia típica. Cada individuo tiene su propia personalidad y está inmerso en sus circunstancias específicas, incluso si el planteamiento de arranque es parecido, la sustancia narrativa es con frecuencia exigua y la acción física brilla por su ausencia, lo mismo que son raros desde muy pronto los movimientos de cámara -cuando los hay-, los primeros planos, los efectos de montaje o los encadenados y fundidos, y desde muy pronto la posición de la cámara es relativamente baja.
5. Ya en el mudo aparecen los planos de transición que sustituyen a tratamientos ópticos que convencionalmente sirven para indicar el paso del tiempo o el cambio de escenario. Son planos despoblados, vacíos de personajes, aunque no necesariamente estáticos: pueden mostrar un tren que pasa, un árbol, una chimenea, una playa, un monte, el horizonte, un lago, unas flores. Y raramente corresponden a un punto de vista de ninguno de los personajes; cuando no es imposible, nada indica que lo sea ni sugiere de cuál de ellos.
Inédito. Quizás sea un texto preparatorio para sus clases en “Bande à part, Escuela de Cine” de Barcelona. Hecho a partir de 2010.
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