¿Por qué deberíamos tomarnos en serio a Alfred Hitchcock? ¿O a Jean-Luc Godard? Hay quienes no se toman en serio a ninguno, hay quienes se toman en serio a uno en detrimento del otro e incluso hay quienes solo se toman en serio a sí mismos. Pero para Miguel Marías no es tan sencillo. Lo primero que él se toma en serio es el ejercicio de la crítica, aunque a veces no tenga muy claro que él mismo sea algo más que un gran espectador. Empezando por ahí, por tomarse la crítica en serio, ya nos deja claro que su prioridad siempre ha sido el lenguaje cinematográfico y la lengua que usa para escribir. Uno y otro se retroalimentan. Si sabes ver, te resultará un poco más fácil escribir; y viceversa.
La editorial Confluencias ha comenzado a publicar una colección dedicada a Miguel Marías, centrando cada uno de sus volúmenes en un cineasta canónico. Sobre algunos Miguel Marías lleva escribiendo más de sesenta años, como sucede con Alfred Hitchcock y Jean-Luc Godard, a quienes él ha seguido en su evolución como cineastas, pero a quienes ha radiografiado acorde a su propia evolución como espectador y como crítico. No es lo mismo ver Vértigo a los veinte años que a los cuarenta, ni a los ochenta. Tampoco es lo mismo ver Al final de la escapada sin más referencias sobre Jean-Luc Godard y verla después de haber visto un monumento cinematográfico como Histoire(s) du cinéma. Por otra parte, ¿es lo mismo escribir un texto de 600 palabras sobre Hitchcock para un periódico que uno de 3000 sobre Godard para una revista especializada? ¿Se escribía igual hace sesenta años que como se escribe ahora? Estos libros tienen posibles respuestas a las preguntas que acabo de formular.
Miguel Marías es de los pocos críticos de su generación con un gusto ecléctico y con una curiosidad indestructible. A veces da la sensación de que lo ha visto todo, lo ha leído todo y lo sabe todo; y aun así sabe escuchar. La colección que acaba de salir en Confluencias, que ya anuncia un tercer volumen dedicado a Nicholas Ray, y Otro Luis Buñuel, publicado por Athenaica, no solo nos recuerdan que estamos ante la obra de uno de los críticos de cine españoles más importantes desde los años sesenta hasta ahora mismo, sino que además estamos ante alguien que ha sabido trascender los motivos por los que ha escrito casi siempre, para convertirse él mismo y su escritura en clásicos a la espera de ser descubiertos por las jóvenes generaciones y redescubiertos por quienes hasta ahora lo habían leído de manera dispersa, porque en adelante tendrán en la colección de Confluencias y en los libros suyos que vayan apareciendo en otras editoriales la oportunidad de comprobar la evolución y afianzamiento de su estilo, la capacidad de textos escritos en diferentes época para dar forma a discursos cohesionados, libros.
Comienzas tu carrera como crítico en una época crucial: los años sesenta. ¿Cuáles fueron, en tu opinión, los cambios más importantes en la crítica?
No sé yo si tengo una carrera como crítico; de hecho, empecé a escribir sobre cine para mí mismo, y sin haber leído apenas críticas ni historias del cine. Es a posteriori, cuando ya colaboro en revistas especializadas, cuando me entero de Bazin (y no solo de Mitry o Sadoul) y me leo los Cahiers du cinéma de tapa amarilla, entre otras cosas. En los 60 llega en España, a algunos, el eco de lo que había cambiado en los 50 en Francia. Pese a su aparente abstracción, esa nueva crítica se basa menos en teorías y más en la visión directa de películas concretas y me resulta un poco más fiable para ir a ver esas películas.
Hitchcock y Godard, los dos cineastas en los que se centran los dos primeros volúmenes que te está dedicando la editorial Confluencias, son dos figuras importantísimas por aquel entonces. ¿De qué maneras establecerías similitudes y diferencias entre ambos y similitudes y diferencias entre tus libros sobre ambos?
Bueno, ninguno de esos dos libros es un «ensayo» sobre esos cineastas, que para mí siguen siendo fundamentales y plenamente vigentes hoy, e intuyo que lo serán aún dentro de cien años. Son «recopilaciones» de casi todo lo que he escrito a lo largo de muchos años sobre ellos. Ambos directores me parecen grandes creadores de formas, experimentadores en el terreno de la narración y muy alejados, en cambio, en otros aspectos. Para mí, la mejor crítica sobre Hitchcock es la de Falso culpable que escribió Godard. Por cuestiones básicamente de azar y casualidad, no hablo de todas las películas de ninguno de los dos, y no he escrito de algunas de mis preferidas de ambos. Son dos pilares básicos de mi cinefilia, y los primeros sobre los que escribí (para mí).
¿De qué manera fue transformándose tu manera de entender a Hitchcock? ¿Cuáles eran tus cinco películas suyas favoritas y cuáles son ahora mismo?
Mi manera de entender a Hitchcock solo cambió, parcialmente, al ensayar él nuevas exploraciones, básicamente a partir de Psicosis y en los sucesivos escalones que van de Los pájaros hasta Family Plot, y que suponen desviaciones del clasicismo. Como nunca he tenido el menor interés por las interpretaciones religiosas, metafísicas o excesivamente psicoanalíticas o estructuralistas de su obra, no creo que mi visión haya cambiado gran cosa. Tampoco mis preferencias: hoy siguen en cabeza Vértigo y Con la muerte en los talones, como en 1962. Durante algún tiempo Marnie, Topaz y la segunda versión de El hombre que sabía demasiado formaron un segundo bloque, que ahora mismo ocupan Atormentada (que tardé mucho en ver bien), Falso culpable y Los pájaros. Pero cinco son pocas películas para quien ha hecho tantas tan inagotables. Lo que sí tengo claro es que le venía mejor trabajar en América y hacer cine sonoro, aunque en su filmografía las hay mudas e inglesas que son muy buenas.
¿Hasta qué punto consideras a Godard un cineasta más para la crítica que para los espectadores? O ¿de qué maneras matizarías esta pregunta?
Godard no ha sido nunca un cineasta «para todos», ni dentro del público en general ni entre la crítica. Debiera haber interesado, sobre todo, a otros directores, que curiosamente han preferido Ocho y medio y a Truffaut. La reflexión sobre el cine, su historia y la Historia (real y general) siempre ha asustado a la mayoría. Plantea muchos problemas, hace muchas preguntas (no muy cómodas) y exige respuestas individuales.
¿Con qué críticos te sientes cercano cuando comienzas a escribir? ¿Ahora mismo?
Cuando empecé a escribir me sentía cercano a Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Robin Wood, Victor F. Perkins, Jean Douchet, Jos Oliver, José Luis Guarner, Manolo Marinero, José María Carreño, Miguel Rubio, Juan Cobos… Visto los que quedan en vida, o en activo, comprenderás que hoy sean pocos: no es buen tiempo para la crítica, y cada vez la leo menos. Algunos (pocos) me son simpáticos o más o menos fiables, pero a veces los menos fiables aciertan.
¿Qué libros sobre Hitchcock te han parecido más relevantes y qué época crees que le fue más propicia para su recepción?
Algunos son artículos más que libros: Robin Wood, Victor F. Perkins, Ian Cameron, Chris Marker, Jean Douchet, las entrevistas de Hitchcock con Truffaut, lo que escribió Eugenio Trías en Lo bello y lo siniestro. No me gusta gran cosa el libro sobre Hitchcock de Chabrol y Rohmer.
¿Cuál ha sido, en tu opinión, la evolución de la crítica y de tu misma escritura en relación a la evolución del propio Jean-Luc Godard?
Casi siempre hemos ido todos muy rezagados, cuando no desconcertados y paralizados o totalmente perdidos en el desierto de Gobi.
¿Cómo dirías que son las condiciones perfectas para ver y apreciar una película de Hitchcock y una de Godard?
Las condiciones perfectas para ver cualquier película de cualquier director serían, en mi opinión, hoy casi inencontrables: con un público silencioso y atento, que para ver cine no necesite comer palomitas, en un cine con muy buen sonido y con una pantalla verdaderamente grande (de las que quedan muy pocas) y ajustada al verdadero formato de cada película. A ser posible, sin saber nada acerca de su argumento. Siempre conviene ver todo al menos dos veces. Muy especialmente las de Godard realizadas a partir de Sálvese quien pueda.
¿En qué momento crees que un espectador tiende a sentirse especialmente atraído hacia lo que se escribe sobre un cineasta como Hitchcock y sobre un cineasta como Godard?
Cuando algo le intriga pero le fascina o emociona o inquieta y le gustaría entender mejor por qué. Lo preferible es escribirlo uno mismo.
¿Te parece posible la supervivencia de los modelos críticos más allá de tres o cuatro generaciones? ¿De qué forma un modelo crítico se asegura su supervivencia, su perdurabilidad más allá de su contexto?
Ni idea: veo pocos «modelos críticos» y no veo que tengan que sobrevivir, suponiendo que pudieran o debieran. Ninguno me valdría, además. Me intriga tanto como que existan clases, cursillos, Masters o hasta cursos de cómo hacer crítica. Para mí, hay que ver mucho cine y varias veces, pensar mucho y, tras eso, hay que inventar el enfoque más adecuado a cada película. Ni para otra del mismo autor valdría el acercamiento que para alguna encontramos (nosotros mismos u otros) satisfactorio.
¿Hay un legado Hitchcock visible en la crítica y en los espectadores? Es decir, ¿ayuda Hitchcock a ver el cine de una manera distinta? Si te parece que sí, ¿cuál?
Yo pienso que Hitchcock creó un estilo que estimula a profundizar en lo que hay o sucede por debajo o más allá de las apariencias, de las palabras y de la historia narrada o sugerida. Ayuda a intentar ver otras películas como si fueran de Hitchcock, sean de Bresson, Dreyer, Mizoguchi, Buñuel, Eisenstein o Godard.
¿Es Godard un simple cineasta o es un crítico y un historiador y un pensador disfrazado de cineasta?
Godard nunca ha dejado de ser un crítico, un historiador y un pensador. Si se quiere, el ensayista cinematográfico total. Y lo era antes de rodar su primer corto, desde lo primerísimo que escribió.
Al mismo tiempo que aparecieron los dos primeros volúmenes de la colección Miguel Marías en Confluencias, apareció tu libro Otro Luis Buñuel en la editorial Athenaica. ¿De qué manera son distintos y parecidos los tres libros?
Otro Luis Buñuel no tiene nada que ver: es un libro concebido como tal, que habla de todas sus películas y prescinde de su muy narrada biografía. Su único punto en común con los otros es que está escrito y reescrito a lo largo de un montón de años por causas azarosas e involuntarias. He conseguido ser breve (no creo que se pueda pedir a nadie que pierda el tiempo), lo cual requiere tiempo.
¿Te parece que Buñuel es una asignatura pendiente de la crítica?
¿Quién soy yo para decirlo? Lo era para mí y por eso he querido acabar un libro empezado en 1969 e interrumpido muchas veces por largos periodos.
¿Qué otros libros, además del tuyo, destacarías sobre el cineasta aragonés?
Cito los que encuentro para mí más útiles en el libro. El que prefiero es Buñuel despierta, de Jean-Claude Carrière, que es una especie de novela de ficción.
De entre todos los buñueles posibles, dinos tus cinco favoritos y explícanos brevemente por qué.
No logro desempatar entre Él y El ángel exterminador: el primero el más clásico, el segundo el más moderno y surrealista. Después, Ensayo de un crimen y El gran calavera, que son ensayos de humorismo inteligente; por último, el Buñuel más inesperado: Robinson Crusoe, que junto con La joven indica que pudo haber sido un gran «cineasta clásico norteamericano». Y el más loco es el de Ese oscuro objeto de deseo. Aclaro que mi falta de verdadero entusiasmo por Viridiana, «su obra maestra oficial», no me impide encontrarla muy bien hecha; simplemente prefiero otras 23.
Entrevista realizada por Hilario J. Rodríguez. Publicada en "Pickpocket" el 7 de mayo de 2026.
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